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COMIDA TRICOLOR CINZANO CON MOTIVO DEL 150 ANIVERSARIO DE LA UNIDAD DE ITALIA
Marzo 17, 2011

FOTOGALERIA COMIDA TRICOLOR CINZANO

 

EL CUMPLEAÑOS DE LA PATRIA: A CIENTO CINCUENTA AÑOS DE LA UNIDAD DE ITALIA

Franco Savarino

 

Prólogo: sentir y pensar la Nación

Quizás no haya mejor lugar para pensar en la Patria y la Nación que desde la lejanía. Vivir en tierras extranjeras, aunque sea por elección, no como exilio, ayuda mucho a sentir y reflexionar sobre estos sentimientos e ideas tan profundas y poderosas para los seres humanos.

La Patria es la tierra de nuestros ancestros, los que compartieron a través de las generaciones una historia singular, transformado por la acción de ellos, que dieron un significado humano particular a los accidentes de la naturaleza y allí se organizaron en una sociedad política, codificaron costumbres y se dieron leyes. La Nación es la gran comunidad de los seres humanos vinculados por lazos de sangre y cultura, que caminaron juntos a través de la historia realizando hazañas memorables, sufriendo y gozando juntos, adquiriendo con el tiempo esos caracteres únicos -étnicos y culturales- que los distinguen entre las demás naciones. Patria y Nación, en los hechos, pueden coincidir, pero no siempre. Hay muchos italianos o descendientes de ellos fuera de su Patria, que mantienen vivos esos lazos de identidad y emoción, en los países donde han elegido o se han visto obligados a vivir. Estos lazos son, a la vez, herencia y voluntad de ser. Un “plebiscito cotidiano” (según la afortunada expresión de Renan) los mantiene vivos hasta hoy.

Desde el siglo XIX nos hemos acostumbrado a creer que una Nación tiene derecho a existir y organizarse en una Patria libre e independiente. Cuando esto ocurre, se forma un Estado-Nación, un Estado que le da cobijo y sustento a una Nación en un territorio determinado. Con la expresión Madre-Patria nos referimos a esta unión con una metáfora, donde la Nación y el Estado unidos son como la Mater y el el Pater familias, que le dan cariño y sustento a sus hijos en un hogar.

Los caminos hacia el Estado nacional

¿Cuándo nacen las Naciones? Italia, como México, ya existía en embrión antes de que se formara un Estado nacional. La larga historia de la península italiana remonta a épocas muy antiguas, desde la fusión de pueblos itálicos, griegos y celtas bajo los lábaros y las leyes de Roma, con influencias germánicas posteriores y la formación de una cultura distintamente italiana en la Edad media. El período final del Medioevo y el Renacimiento fueron épocas de gran esplendor de la cultura italiana con artistas, arquitectos y literatos del calibre de Michelangelo, Brunelleschi y Dante. No es exagerado afirmar que Italia fue una de las cunas más importante de la Civilización occidental en la etapa postclásica. En esta época se forma lo que se llamará después el “genio italiano”, un talento heredado capaz de estimular de manera sobresaliente la creatividad humana. Las grandes creaciones de los “genios” italianos aun hoy son visibles en las obras artísticas y arquitectónicas que cualquier visitante puede disfrutar en Italia y nutren el legítimo orgullo de los italianos de hoy de pertenecer a esta Nación.

Italia existía en el territorio incluido entre los Alpes en el norte y los mares Adriático, Jonio y Tirreno, teniendo como centro la llamada Península itálica, con su forma peculiar de bota. Pero Italia no era una simple “expresión geográfica” (como la definirá el canciller austríaco Metternich), era un conjunto de poblaciones con características bien reconocibles y conscientes de su carácter, aunque estuvieran apegadas cada una a su “patria chica” (la aldea, la ciudad, la región) y no hablaran aun, en su mayoría, el idioma italiano estándar, que deriva del toscano.

A diferencia de otras naciones europeas como la francesa o la inglesa, la italiana fue sometida casi en su totalidad a la dominación extranjera durante muchos siglos. España primero y Austria después, establecían su dominio sobre Italia, que estaba, por lo demás fragmentada en diversos estados independientes. Esta situación, que duró desde el siglo XV hasta el XIX, indujo a varios intelectuales, comenzando con Maquiavelo, a vislumbrar una futura unidad italiana, rechazando la dominación extranjera.

Aquí notamos un punto en común con la experiencia mexicana. México, como Virreinato de la Nueva España, formó parte en su totalidad del Imperio español, el mismo imperio que dominó durante siglos el sur de la península itálica. También en México se formó temprano una conciencia de nación, aunque el territorio mexicano se encontrara fragmentado en regiones, castas y etnias con costumbres e idiomas distintos.

Así la unificación de la Nación será una tarea de los patriotas que lucharán por la Independencia. Esta unificación no era exactamente la creación o invención de una Nación nueva. No era esto lo que significaban las palabras de Camillo Benso, conde de Cavour, al señalar que, después de «hacer Italia», había que «hacer los italianos». Las naciones no nacen de un plumazo por obra de políticos imaginativos, son el precipitado de una experiencia única histórico-cultural. En Italia el mismo nombre que lleva el proceso de unificación-independencia es Risorgimento, es decir la “reaparición” de una nación itálica en la historia. La que se llamó “Tercera Italia”, heredera y continuadora de la antigua Roma y del Renacimiento, era una promesa para los italianos de volver a ser protagonistas, una vez más, en la historia. México también recibía el estímulo de su gran pasado cifrado en las altas civilizaciones mesoamericanas y en el esplendor del Virreinato novohispano y la Independencia era la promesa de una nueva grandeza.

El movimiento de Independencia fue dramático en ambos casos. En México ocurrió por medio de una revolución encabezada por líderes como Hidalgo, Allende y Morelos. En Italia elRisorgimento triunfó por la labor militar y diplomática de la monarquía de Saboya, junto con los movimientos insurreccionales de los carbonari, la acción de los intelectuales patriotas y de algunos grandes líderes, destacando Mazzini y Garibaldi. Los patriotas eran, al fin y al cabo, minorías, pero minorías activas y conscientes. Descubrir hoy, en un exceso de celo revisionista, que la gran mayoría del pueblo no participó activamente en la Independencia o le era indiferente o incluso hostil, no puede llegar a la negación del significado histórico y moral de ese magno acontecimiento que tantas consecuencias tendría para las generaciones posteriores. En el caso de Italia, el Risorgimiento dio a los italianos el sentido de ser de nuevo protagonistas de su historia y creó un mito lleno de gestas heroicas que  ayudaron a elevar el carácter moral del pueblo y a inspirar las nuevas generaciones.

Recuerdo todavía la emoción con que aprendía en la escuela las hazañas de Carlo Pisacane, de los hermanos Bandiera y de los “Mil” de Garibaldi, la desesperada defensa de Roma y Venecia, la belleza prístina de la bandera tricolor llevada en triunfo aun en los peores momentos, el martirio de los patriotas por manos enemigas. El sentimiento de ser una Nación, lo debemos también a esos hombres que lucharon para darnos una Patria unida y libre, muchas veces, como decía Mazzini “sin esperanzas de un premio”.

Italia se hizo, o mejor, volvió a ser, en 1861, cuando el Parlamento de Turín, un 17 de marzo, proclamó a Víctor Manuel Rey de Italia. La unidad nacional se completará más tarde en 1870 y en 1918, integrando Roma y las tierras “irredentas”.

México, por su lado, ya era independiente desde 1821. Así, Italia celebra ahora su cumpleaños 150 y México el 190.  A pesar de esta asincronía, los dos Estados nacionales, ahora independientes, tenían frente a sí tareas similares. Extender y robustecer la identidad nacional, construir el aparato legislativo e institucional del Estado, integrarse en el concierto de las naciones y confrontarse con un poderoso Estado vecino: Austria para Italia, Estados Unidos para México. Quedaron pendientes problemas enormes, como el rezago de algunas regiones –el Mezzogiorno en Italia, el Sur en México-, el atraso en dar inicio a la revolución industrial, la marginación de grandes sectores sociales, la resistencia de los poderes locales y el enfrentamiento con la Iglesia católica sobre los temas de la laicidad y la educación pública. Ambos países solucionarán algunos de estos nudos históricos reforzando el nacionalismo y por medio de la dictadura y la guerra. Italia entrando en la Primera guerra mundial, vista como la continuación del Risorgimento, y eligiendo luego una dictadura de desarrollo nacional liderada por Benito Mussolini, que terminará con una nueva guerra internacional y una dolorosa guerra civil. México mediante una dictadura desarrollista encabezada por Porfirio Díaz, terminada en una revolución y guerra civil, a la cual sucederá un largo período semidictatorial desarrollista desde Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas en adelante.

¿El ocaso de la Nación?

Estos dramáticos acontecimientos nos acercan a la situación actual, donde el sentimiento y la idea de Nación parecen desdibujarse. Una vez más, es sugerente leer en paralelo la historia de Italia y de México. Después de la Revolución, y cerrado el capítulo de la guerra civil, México continuó con su régimen desarrollista y utilizó con provecho el nacionalismo para estimular el crecimiento nacional. El discurso oficial se convirtió muchas veces en retórica, pero fue mantenido con fuerza en la educación y en todas la expresiones públicas una fuerte referencia al ideario nacional. Hoy día el nacionalismo mexicano se muestra todavía robusto, aun en un contexto de globalización donde ejerce influencia sobre todo la cultura de Estados Unidos y el american dream.

Italia, por su parte, salió traumatizada de la Segunda guerra mundial: fue derrotada, invadida por tropas extranjeras y sufrió una desgarradora guerra civil. Después de 1945, perdió no solamente algunos territorios, sino una parte de su independencia y estatus, cargando con un enorme lastre moral por el colapso del Estado nacional en septiembre de 1943 y la posterior guerra fratricida. Es lo que Ernesto Galli della Loggia definió con la expresión escalofriante “muerte de la Patria”. Quizás los excesos del nacionalismo entre 1914 y 1945 expliquen, en parte, esta caída. Lo que es cierto es que en la posguerra se verificó una minimización del ideario y el simbolismo de la Nación y una generación de italianos no llegó a sentir en plenitud el calor y la guía de una Madre-Patria. Esta situación era manifiesta, por ejemplo, en las tergiversaciones de la historia oficial (que reprobaba el nacionalismo más reciente), en la xenofilia exagerada que rayaba en cinismo, en la falta de un apego sincero a las fiestas nacionales, la renuencia a cantar el himno de Mameli y la escasa presencia visual de la bandera tricolor, si no era en ocasión de los partidos internacionales de futbol o las olimpíadas. La prisa con que hoy se quiere transitar a la Unión Europea o realzar las identidades regionales encubre, y revela a la vez, una debilidad fundamental de la Nación.

Fue una experiencia sobrecogedora, para mí, al llegar a México, observar el lugar de honor con que se tenía la bandera nacional, ondeando majestuosa en las plazas y en los edificios del Estado, vista con respeto y orgullo por todos. En las escuelas los niños abanderados daban un espectáculo edificante al dar escolta al lábaro patrio. El himno de Bocanegra se escuchaba a la medianoche en las estaciones de radio y en el metro, y era cantado con júbilo por la gente.  Ni hablar de la diferencia en la participación en la fiesta nacional: el 15 de septiembre  era una explosión multitudinaria de colores, gritos, música y alegría de todo un pueblo, mientras en Italia el dos de junio –aparte las celebraciones oficiales- era solo un día de vacación más. Varias veces al darme cuenta de la enormidad de esta ausencia, la falta de la figura reconfortante de la Madre Patria en la vida de los italianos, sentía un nudo en la garganta y mis ojos se llenaban de lágrimas. Era el descubrimiento de una orfandad. Probé entonces envidia y admiración por México, donde los mexicanos sí sentían el cariño reconfortante de la Madre Patria y expresaban con franqueza y sinceridad su amor por ella y su orgullo por ser lo que son.

Epilogo. Dos Patrias  …y una bandera.

Decía al comienzo que, quizás, no hay mejor lugar para pensar y sentir la Patria y la Nación que en la lejanía. Después de veinte años de vivir en México esto, para mí, es un sentir y pensar diferente porque, junto a Italia, tengo ahora una nueva Patria, que es México, y me siento también, en parte, Mexicano. Soy, pues, ítalo mexicano. ¿Se puede acaso pertenecer a dos naciones? ¿Se puede acaso tener dos patrias? Podría parecer una ambición excesiva. Sin embargo, sí es posible. Finalmente, ¿por qué no? El año pasado celebramos el aniversario de los doscientos años del inicio del movimiento de la Independencia de México. Este año festejamos el aniversario ciento cincuenta  de la realización de la Unidad e Independencia de Italia. Los ítalo mexicanos celebran ambos acontecimientos con emoción cariñosa por las dos Patrias elevando sus pensamientos a los héroes, intelectuales y estadistas que nos dieron la libertad y mirando con orgullo hacia la bandera verde, blanca y roja que simboliza la unidad, la hermandad y la esperanza para ambos pueblos.  

 

[Ciudad de México, 17 de marzo de 2011]




Premio Ospitalita Italiana
14 de Abr de 2011

Socio Individual

Cecilia Turriago. consultora en el sector energético

Carlo la Rosa. Sector: Logística       

Fernando Calderon Cedeño. Sector: Business Finder, profesionista independiente

Roberto Maltagliati. Sector: Arquitecto    

 

Pequeña Empresa

Ventana Serra Sa de CV

Ackermann Executive Search, Antonio Catena

-Sector: Consultora en Recursos Humanos (headhunter)

Prevex, Agente de Seguros y de Fianzas S.A de C.V., Jorge Sulser

-Sector: Corredores y Asesores de Seguros y Fianzas

Farmaside S.A DE C.V., Manuel Cosme                                     

-Sector: Venta y Distribución de Medicamentos

Teofarma México S de RL de CV, Marco Manera

-Sector: Comercio al mayoreo de productos Farmacéuticos

Grupo Interni (G.D. MOBILIARIO S.A. DE C.V.), Jack Shapiro Weinstock

-Sector: Muebles Italianos       

Curmi S.A. de C.V. , Gustavo Millán

-Sector: Alimentos

 

Socio Extranjero

Calligaris USA, INC, Diana Villafiorita 

-Sector: Muebles italianos              

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